Luján de Cuyo: Mayoría récord para Allasino y el desafío de cuidar los controles

La alianza La Libertad Avanza + Cambia Mendoza rozó el 60% y se quedó con 5 de 6 bancas. Con participación del 43%, el Concejo queda casi sin oposición y la gestión gana velocidad, pero sube la exigencia de transparencia.
Actualidad10/03/2026 Martín Porcilio

ALLASINO 2026

Luján de Cuyo salió de las urnas con un dato que vale más que cualquier consigna de campaña: el intendente Esteban Allasino queda respaldado por una mayoría abrumadora en el Concejo Deliberante.

En la elección municipal del 22 de febrero de 2026, la alianza La Libertad Avanza + Cambia Mendoza se impuso con el 59,07% de los votos afirmativos y se quedó con cinco de las seis bancas en juego. La consecuencia política es directa: el Ejecutivo tendrá un cuerpo legislativo prácticamente alineado, un escenario que fortalece la gobernabilidad pero obliga a discutir cómo se preserva el control democrático del poder.

El dato oficial trae un segundo componente que no conviene pasar por alto: la participación fue baja. Votó el 43,19% del padrón (52.760 electores sobre 122.153). No invalida el resultado, pero sí condiciona la lectura política: una mayoría institucional enorme se construye sobre una ciudadanía en la que más de la mitad no concurrió a votar. En tiempos de apatía y desconfianza, esa brecha agranda el desafío de sostener legitimidad todos los días, no solo en la noche electoral.

El reparto de votos también explica por qué la oposición quedó tan debilitada. Detrás del oficialismo aparecieron dos expresiones peronistas casi empatadas: Fuerza Justicialista Luján de Cuyo (10,38%) y Frente Patria (10,27%). Esa diferencia mínima definió la única banca opositora y dejó al resto de las fuerzas por debajo: Frente Libertario Demócrata (7,22%), Frente Verde (6,62%), FIT-U (4,47%) y Protectora (1,97%).

Con ese mapa, la política local entra en una etapa singular: un Concejo con 11 concejales alineados a la gestión y un solo edil opositor.

¿Qué tiene de bueno una mayoría así? En el plano de la gestión, es una ventaja evidente. El Intendente podrá avanzar con presupuestos, ordenanzas y planes de obra sin quedar atrapado en negociaciones interminables ni en bloqueos internos. En un municipio que crece (como lo hace Luján de Cuyo año tras año), esa agilidad puede traducirse en decisiones más rápidas y ejecución más ordenada.

Además, cuando el poder se concentra, también se concentra la responsabilidad: si la gestión funciona, el electorado lo reconocerá; si falla, no habrá demasiados lugares donde esconderse.

Pero el costo potencial está del otro lado del mostrador es la calidad del control. Con una oposición mínima, el Concejo Deliberante de Luján de Cuyo corre el riesgo de transformarse en una instancia meramente ratificatoria. Y cuando el oficialismo puede aprobar casi todo sin resistencia, los pedidos de informe, las interpelaciones, el debate sobre contrataciones, concesiones o excepciones urbanísticas tienden a perder fuerza. No por mala fe necesariamente, sino por pura aritmética. Ahí aparece el punto delicado: la democracia no se agota en el voto; también vive en los contrapesos.

Con la nueva mayoría, un factor clave que puede ayudar a sostener reglas claras y control interno es la continuidad de Andrés Sconfienza al frente del Concejo de Luján como presidente del HCD de Luján de Cuyo quien fue reelecto por unanimidad para conducir el cuerpo, un dato que habla de experiencia en la dinámica legislativa y en el armado de consensos. Esa trayectoria —si se traduce en prácticas concretas— puede funcionar como “seguro” de transparencia procedimental: sesiones ordenadas, comisiones activas, publicidad de actos, respuestas a pedidos de informe y trazabilidad administrativa, tanto hacia adentro del Concejo como hacia afuera, de cara a los vecinos.

Por eso, el verdadero examen de esta etapa que comienza no será si el oficialismo “tiene los números”, sino qué hace con ellos. En un escenario de mayoría tan holgada, la vara debería subir, no bajar: más transparencia, más trazabilidad del gasto, más información pública, más respuestas a pedidos de informe, más reglas claras para lo sensible. La gobernabilidad es un activo. La falta de control, un riesgo.

Lo que viene es un desafío institucional. Con una participación baja y un Concejo prácticamente monocolor, la confianza cotidiana dependerá menos de la aritmética electoral y más de la rendición de cuentas. Luján puede ganar en eficacia. La pregunta es si también ganará en calidad democrática.

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